Sáb. Ago 15th, 2026

Operar un cerebro humano mientras el paciente está despierto, capaz de hablar, moverse e interactuar: para la mayoría de las personas, esta imagen roza la ciencia ficción. Para el Dr. Christian Brogna , neurocirujano de renombre internacional que, tras años de experiencia en el extranjero, ejerce ahora en Roma, Italia, es la dimensión más auténtica de su trabajo. Un reto diario que combina ciencia y humanidad, precisión y vulnerabilidad, valentía y conciencia de las propias limitaciones.

Brogna abordó todo esto en Awake , la novela autobiográfica recién publicada por Rizzoli, en la que relata las emociones, los miedos y la concentración que acompañan a cada operación cerebral de un paciente despierto. No se trata de un manual técnico, sino de un viaje a la mente —y al alma— de alguien que, bisturí en mano, se encuentra ante el lugar más misterioso y sagrado de la existencia: la sede más misteriosa de la conciencia y la identidad humanas. Coescrito con Claudia Zanella, escritora y actriz, el libro se agotó por anticipado y se reimprimió incluso antes de su lanzamiento oficial el 21 de octubre.

El miedo como brújula moral

Por otro lado, Awake es una especie de confesión que desmiente el estereotipo del médico-héroe sin emociones. Brogna demuestra, en cambio, que el miedo puede ser una brújula moral: un sentimiento que no paraliza, sino que devuelve mesura y humanidad al procedimiento quirúrgico.

Antes de cada procedimiento, siento una enorme responsabilidad porque estoy a punto de entrar en el lugar más sagrado de la existencia: el cerebro, donde reside la identidad de cada ser humano. El miedo nunca desaparece por completo. Es ese miedo el que me recuerda que hay una persona frente a mí: un esposo, una esposa, una hermana, un hermano, un padre, una madre, un hijo. Intento transformarlo en concentración, respeto y presencia absoluta», afirma.

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Christian Brogna
Christian Brogna

Entre bisturíes, meditación y silencio

Lo que Brogna trajo consigo tras un largo periodo de formación es una visión de la neurocirugía que va más allá de la técnica. Cada operación, explica, es un acto de absoluta precisión, pero también de consciencia espiritual: «La preparación no es solo técnica. Por supuesto, hay estudio, planificación quirúrgica, análisis de imágenes y cada detalle anatómico. Pero también hay un aspecto más profundo: antes de operar, la meditación me ayuda. En un silencio profundo, absorto y consciente, ensayo mentalmente cada gesto, cada paso que daré, para que en el quirófano nada quede al azar. Es un poco como en el teatro: los ensayos son esenciales. Al entrar en el escenario —o en el quirófano—, debes estar totalmente presente, listo para transformar la concentración en armonía y precisión».

Una disciplina mental que recuerda a la de un piloto de Fórmula 1 o un atleta olímpico preparándose para la salida, pero con una diferencia: la «pista» de Brogna es la mente humana, en constante evolución. Contrariamente a lo que se podría pensar, «nuestro cerebro está en constante cambio», enfatiza el neurocirujano. «No es un órgano estático: se transforma con cada experiencia, cada pensamiento, cada emoción. Nuestro cerebro de hoy es diferente al de mañana. Las conexiones neuronales se crean, se fortalecen o se disuelven según cómo vivamos. Por eso debemos ser muy cuidadosos con los estímulos que recibimos; es nuestro deber elegirlos con cuidado. Somos nosotros quienes debemos elegir qué y a quién mantener en nuestras vidas».

Entrena el cerebro, cultiva la mente.

Para Brogna, la neuroplasticidad —la capacidad del cerebro para cambiar— no es solo un principio científico, sino un mensaje de esperanza. Podemos cambiar, aprender, sanar. Estar despierto se convierte así en una metáfora existencial: mantenerse despierto en la vida, sin dejar nunca de cultivar la curiosidad y la conciencia. «¡El cerebro necesita ser entrenado! Los estímulos saludables son aquellos que nutren la curiosidad, la creatividad y las relaciones humanas. Estudiar, leer, aprender cosas nuevas, tocar un instrumento, pasear por la naturaleza y participar en actividades sociales mantienen la mente activa. Y debemos evitar los excesos: el estrés crónico, el alcohol, la falta de sueño y la sobreexposición digital. El cerebro también necesita silencio y pausa, porque es precisamente en silencio que se reorganiza, memoriza y sana».

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Por eso, incluso en el quirófano, la meditación es un aliado invaluable para él. Es una forma de mantener la calma y la concentración, pero también de recordar que detrás de cada operación hay una persona, una vida, un mundo interior.

Un personaje que ciertamente está fuera de lo común, Brogna es uno de esos médicos que devuelven la ciencia a su dimensión más profundamente humana. Un cirujano que no teme decir que los médicos también tienen miedo. Y que es precisamente de ese miedo que puede surgir la parte más noble del tratamiento.