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Economía

Recuperación económica post covid-19 debe ser verde e inclusiva

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Las consecuencias económicas de la pandemia del covid-19 serán tan graves como la Gran Depresión y la reciente crisis de 2009. El decrecimiento económico, el desempleo, la desigualdad y en la pobreza, serán más prolongados de lo esperado en un inicio. Al menos en México, la recuperación económica a niveles previos a la pandemia será hasta 2025.

Pero estos impactos económicos se manifiestan en paralelo a otra crisis: la climática. Si bien la pandemia ha fomentado algunos cambios positivos —como una reducida demanda de energía causada por la desaceleración económica― se prevé que sean temporales y que se produzca un rebote cuando las restricciones de movilidad lleguen a su fin. Sin embargo, ningún país quisiera regresar a una sociedad con acelerada destrucción de la naturaleza y con altos niveles de contaminación debido a la movilidad. Lo que está ocurriendo es una oportunidad única que debería obligar a los gobiernos a rediseñar las economías para ser más resilientes y sostenibles, incorporando planes de recuperación verdes.

En este sentido, México debería optar por invertir los fondos de su paquete de recuperación con programas y proyectos que estimulen una mayor actividad económica y generen empleos; por ejemplo, proyectos de Economía Circular, y energías renovables. Éstas últimas, no sólo tienen el potencial de mitigar los efectos del cambio climático y asegurar la restauración del ecosistema, sino que contribuyen al desarrollo económico y social, favoreciendo el acceso a energía en poblaciones vulnerables y que viven en zonas rurales o alejadas. Además, el desarrollo de energía e infraestructura verde es particularmente eficaz para la creación de empleos y sentar las bases para un crecimiento sostenible a largo plazo.

A pesar de estos claros beneficios, si el gobierno federal decide alejarnos de las energías renovables podría no sólo acrecentar los problemas ambientales, sino la fricción con el país vecino del norte, cuyo Secretario de Estado, Antony Blinken en su reciente visita virtual a México señaló los intereses de Estados Unidos para dar un impulso a la producción de renovables. Lo anterior se contrapone a las acciones del mandato de López Obrador, quien ha beneficiado el uso de combustibles fósiles para producir energía.

Por ello, la política ambiental y climática de México podría no sólo chocar directamente con la de Estados Unidos, sino también con la de la Unión Europea que aboga por una política climáticamente neutra de aquí al año 2050. Así pues, México debe prestar atención a lo que están haciendo otras naciones para reactivar la economía después del covid-19 y adoptar soluciones a sus necesidades: focalización directa en programas de estímulo fiscal, desarrollo de proyectos de adaptación climática y que generen empleos, inversión en infraestructura resiliente y desarrollo de soluciones basados en la naturaleza e infraestructura verde.

Al incluir estas medidas en el conjunto de herramientas de políticas, México se beneficiaría económicamente. En caso de que el gobierno impulse medidas de rescate verdes e inclusivas, debería no privilegiar la permanencia del escenario tendencial y no desaprovechar la oportunidad de alinear la recuperación a un desarrollo sostenible que vaya en detrimento de la agenda climática multilateral.

Con información de El Heraldo de México
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