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Opinión

Deslealtad democrática

Por: Miguel Eslava

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Donald Trump tendrá que dejar la Casa Blanca antes del próximo 20 de enero, fecha en que tome protesta Joe Biden como el Presidente número 46 de los Estados Unidos. Antes, nos esperan semanas de litigios electorales, amenazas y descalificaciones del Presidente republicano, así como centenares de tweets, pataleos, etc. Al final todo esto quedará atrás, Trump tendrá que irse, lo más que llegarán a alcanzar sus recursos legales será un recuento de votos en algunos estados, cuyo resultado confirmará el triunfo del Candidato Demócrata.

Pero, ¿será así de sencillo? Donald Trump es el primer Presidente en no reconocer un resultado electoral, en casi 150 años.  En el pasado reciente, todavía se recuerda la elección del año 2000, cuando el entonces Vicepresidente demócrata, Al Gore, reconoció su derrota ante George Bush hijo, a pesar de haber ganado el voto popular y después de un resultado muy polémico en la Florida, y que se resolvió hasta que la Suprema Corte determinó detener el recuento manual de votos, con una diferencia de poco más de 500 sufragios a favor del republicano y con una tendencia de recuento que favorecía a Gore. En ese momento muchos vieron en la acción del VicePresidente de Bill Clinton, una muestra de lealtad hacia la democracia norteamericana, de poner al país por encima de un interés personal o de partido.

En cambio, el comportamiento de Trump ha sido diametralmente distinto al que tuvo Al Gore hace dos décadas; El todavía Presidente pidió durante el escrutinio de la votación, que se detuviera el conteo, aludiendo sin prueba alguna, que el voto por correo era fraudulento; para después, una vez que había sido rebasado por Biden en varios estados, solicitar un reconteo manual de los votos. Si bien está actitud de Trump era prevista desde antes de la elección, lo que verdaderamente preocupa es la postura de los liderazgos del Partido republicano, quiénes no se han desmarcado de Trump, al contrario, como es el caso del líder de Senado, Mitch McConelll, quien prácticamente se ha alineado con el Neoyorkino.

La actitud de McConnel No sorprende, ya en el 2016 bloqueó en el Senado el nombramiento de un nuevo Juez para la Suprema Corte, propuesto en ese entonces por Barack Obama, justificándose que un Presidente saliente no debía proponer a alguien al Tribunal Supremo en año electoral; sin embargo, hace unas semanas, el mismo McConell operó dentro del Senado para que Amy Conney Barret, fuera nombrada nueva Juez de la Suprema Corte, siendo el tercer Magistrado propuesto por Trump en llegar al máximo Tribunal de Justicia, en 4 años de Gobierno. Esto ha roto el tradicional equilibrio de fuerzas entre liberales y conservadores de la Suprema Corte estadounidense, sólo para dimensionarlo, Obama pudo nombrar sólo 2 Jueces en 8 años de mandato.

Ésta es la encrucijada que enfrenta hoy el Partido Republicano, al encontrarse entre actuar con ética, responsabilidad y lealtad democrática o respaldar a un Presidente que rompe todos los códigos y arreglos institucionales que ha cosntruido la clase pólitica norteamericana durante siglo y medio, pero que por otro lado tuvo el respaldo de más de 70 millones de votos, el 47 % del electorado. La última vez que en Estados Unidos 2 candidatos se declararon ganadores, fue en 1876, en plena época de reconstrucción de la Guerra Civil, con el Demócrata Samuel Tilden y el Republicano Rutherford Hayes, elección que tardó en resolverse 4 meses después de los comicios, mediante una Comisión Bipartidista del Congreso y de la Suprema Corte.

Desde entonces Estados Unidos no vivía una crisis institucional como la actual, y si bien se habla de una polarización cada vez más grande y en gran medida impulsada por el Trompismo, tampoco es algo novedoso en la política norteamericana. No es la primera vez que Estados Unidos vive una polarización en el último siglo, la ha tenido en diferentes etapas de su historia reciente, desde el enfrentamiento entre Franklin D. Roosevelt y la Suprema Corte, por su New Deal, las medidas en contra de la segregación racial impulsadas por John F Kennedy o la oposición de amplios grupos sociales a la Guerra de Vietnam.

¿Hasta dónde llegara Trump?, Esa parece ser la incógnita, para dimensionar el tamaño de la crisis política. Cómo lo expuse en un inicio, considero que el Donald Trump dejará la Casa Blanca en enero, no sin antes estirar la cuerda lo más que pueda, pero nunca reconocerá el resultado electoral. Esto le permitirá mantener a sus bases duras activas, intentando conservar el liderazgo en el Partido Republicano y será sin duda alguna, un feroz Opositor del Gobierno de Biden, y ¿ por qué no?, regresar dentro de 4 años a la Presidencia.

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