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Opinión

Con copia para…

Por: Alan Esteban Onofre

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Fiel a la costumbre de la política mexicana, a la par del proceso electoral, salen a
relucir las investigaciones o implicaciones de corrupción que pesan sobre
servidores públicos, la oposición o en general actores políticos que buscan un
lugar en las urnas. En la batalla mediática electoral todo sirve, todo se vale, pero
en realidad nada nuevo.


Lo realmente preocupante, es el efecto social secundario de publicitar estos ases
bajo la manga en el juego político y lo acostumbrados que podemos estar los
ciudadanos. Así también la polarización que las declaraciones y juicios sumarios
que incluso son vertidos desde altos niveles del gobierno, en el caso mexicano,
llegan a generar entre los gobernados.


En contraste, en días pasados fuimos testigos de la interrupción del mensaje del
aún presidente de los Estados Unidos Donal Trump, por parte de televisoras que
aseguraron cortaron la transmisión – subrayo bajo la clara investidura presidencial
y desde la Casa Blanca – por haber incluido en el mensaje cifras que no fueron
respaldadas por evidencias. Mentiras en pocas palabras.


En esa sintonía, la libertad de expresión es un baluarte de los ciudadanos fuera y
dentro de los procesos electorales, pero dentro, brindan la oportunidad de real de
influir e impactar en las decisiones de su gobierno o su conformación. Por eso
mismo ha surgido una polémica discusión al tema: ¿Mejoraría la objetividad e
imparcialidad, tan cuestionada, desde las conferencias de prensa de Presidencia
de la República si ocurriera lo mismo que en EUA? En especial en época electoral.


No es objeto de estas líneas ahondar en las comúnmente polémicas declaraciones
del Ejecutivo Federal, de eso ya se han encargado otros. Lo importante aquí es
enriquecer y avivar la discusión sobre lo importante para nuestra democracia, la
libertad de expresión con y solo con base en información real, medible y objetiva,
en especial la expresada desde medios oficiales. El resultado bien vale la pena, certeza en nuestro gobierno, en las resoluciones de las instituciones electorales tanto administrativas como jurisdiccionales y por tanto en el resultado de los procesos electorales.

Uno de los pilares fundamentales de las democracias modernas, es sin duda la
salvaguarda de la libertad de expresión. Es así un factor indispensable de la
relación pacífica entre las instituciones, los partidos y los gobernados, de manera
que se evite la información calumniosa o falsa que pueda generar inequidad e
inestabilidad en tiempos de campañas.


Finalmente, base de la representación política, se encuentra en la legitimidad con
la que se eligen a los representantes populares, elemento que en México ha
derivado en la concreción de reformas electorales y trasformaciones en el sistema
político en varios momentos históricos.


Bajo esta línea de cambios que podemos propiciar, invito a reflexionar sobre el
resultado de la información que aceptamos, difundimos y replicamos. Podemos
generar certeza en nuestras instituciones o desconfianza, un gobierno de
legitimidad o de dudas, una polarización de inestabilidad social o lo que con estas
líneas busco propiciar, un debate democrático y abierto a quienes deseamos un
mejor país. Los saludo desde aquí.

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